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La Felicidad y La Comunicación Interna

Publicado el 24 de febrero de 2016

 

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Cuando se piensa en ser feliz en el lugar donde uno trabaja, es tal vez un lugar común “linkear” directamente con los beneficios que brinda una organización. Existe el pensamiento “cuanto más doy, más felices estarán los públicos”. Sin embargo, eso es solo una utopía o incluso hasta una contradicción en sí misma.
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Estoy seguro de que los hijos de padres millonarios no son más felices que los que tienen menos. La felicidad proviene de otro lugar, es una ecuación que básicamente tiene que ver con dos cosas: las expectativas y la realidad. A la felicidad se la podría sintetizar con la fórmula matemática de la diferencia entre lo que esperás que ocurra (tu expectativa) y lo que efectivamente ocurre (la realidad). Con lo cual, a mayor expectativa, la probabilidad de disminución de felicidad es mayor también.

 

Los ingredientes de la Felicidad

Respecto de cuáles son los ingredientes de la felicidad, son diversos. En primera instancia, hay una que es crítica, condición necesaria pero no suficiente: ¿qué es lo que hacés?, ¿de qué trabajás?, ¿a qué dedicás tu energía las 4, 8, 10 o 12 horas de actividad laboral? La primera fuente de satisfacción es hacer algo que te guste, que te apasione, que te genere adrenalina positiva. Una actividad en donde no tengas que mirar el reloj para ver a qué hora tenés que irte. Trabajar de algo que nos guste y apasione es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir.La Felicidad y La Comunicacio╠ün Interna-DESTACADOS-03

La segunda, siguiendo el modelo que describe Great Place to Work®, está relacionada con quiénes son tus colegas. ¿Cómo es la confianza con la gente con la que trabajás? ¿Cuál es el nivel de camaradería? Esto determinará, en gran parte, el ambiente de trabajo en el que te desempeñarás. Y la tercera fuente está centrada en los jefes. Muchas veces no son conscientes de su influencia en la felicidad de su gente. Y cada vez más seguido, las personas renuncian a sus trabajos por sus jefes… Un buen jefe es inspirador y participativo, y el efecto que produce en las personas es contagioso: dan ganas de trabajar con él.

¿Y cuándo sucede todo lo contrario? Tenemos diferentes síntomas, entre los que podemos encontrar el dolor de estómago cotidiano al tener que enfrentarnos a él y el famoso síndrome del “domingo a la noche”, esa angustia que nos agarra al finalizar el fin de semana y darnos cuenta que nuevamente se acerca el momento en el que tendremos que encontrarnos a esa persona que nos genera tanta angustia y malestar.

En mi caso, siempre confié plenamente en la gente con la que he trabajado. La confianza es un factor clave. Asimismo, de acuerdo con la teoría del autor Dan Pink, en su libro Drive: The Surprising Truth About What Motivates, hay 3 cuestiones que nos motivan dentro de la organización: autonomía, maestría y propósito. Esto significa tener la libertad para trabajar en un lugar donde pueda tomar nuevos conocimientos, decisiones y que me permita transcender.

También, donde lo que haga tenga sentido y le pueda hacer bien a otros (la trascendencia). Se relaciona totalmente con el concepto de bien-estar, que no es otra cosa que estar-bien. Cuando una persona está contenta, genera el mejor producto y/o brinda el mejor servicio. En cambio, si ese individuo tiene mal-estar, está mal y dará lo peor de él mismo, porque así sucede cuando estamos mal. Por eso, existe una gran responsabilidad de los líderes para conseguir la felicidad dentro del trabajo.

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