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Planificar nuestra Comunicación Interna, una cuestión ineludible

Publicado el 28 de Octubre de 2013

 Proyectar cuál será la hoja de ruta de nuestra Comunicación Interna de cara al futuro resulta vital. Te contamos qué elementos nos ayudará a definir y qué tener en cuenta al momento de hacerlo.

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En la actualidad, la Comunicación Interna ya es un elemento que se considera de vital importancia para una empresa u organización. Por eso, además de estipular cuáles son los objetivos del siguiente año, se deben pensar las estrategias de CI que ayudarán a que todos los colaboradores conozcan cuál es el rumbo hacia el futuro y cómo, desde su espacio, puede hacer su aporte para cumplirlos.

De esta forma, la planificación marcará la hoja de ruta donde queden bien marcados:

–        Objetivos.

–        Canales.

–        Mensajes.

–        Tono de los mensajes.

–        Públicos.

–        Estrategia.

–        Plazos a ejecutar cada una de ella.

–        Personas encargadas de la ejecución.

 

Al tener bien delimitada cada una de estas cuestiones, le otorgaremos previsibilidad a nuestras acciones en Comunicación Interna; y al final del camino, nos permitirá evaluarlas y mejorarlas de cara al futuro. Desde el punto de vista económico, nos aseguraremos contar con el presupuesto necesario para llevar adelante todo lo que pretendemos.

Finalmente, con una buena planificación priorizaremos cuáles son los asuntos importantes a abordar, que ayudarán a cumplir la estrategia y los objetivos de negocio de la organización.

 

¿Por dónde empezar?

Una planificación realmente efectiva debe recabar la mayor cantidad de información posible de la organización, para que refleje las reales necesidades a trabajar desde de la Comunicación Interna.

Dentro de esos datos que necesitamos saber se encuentran:

– Cuáles son las necesidades organizacionales.

– Qué medios cuentan actualmente y cómo se utilizan (conocer su grado de efectividad).

– Cuál es el lenguaje que se utiliza.

– Cuán efectivos son comunicacionalmente los líderes de la organización.

– Los antecedentes de la organización (su historia).

– Estrategia y objetivos del negocio.

– Plan de Comunicación Externa.

– Mediciones de clima y otros estudios que se hayan realizado en relación a los colaboradores.

 

Con toda esta información, será mucho más fácil poner en acciones, plazos y presupuesto estimado todos los objetivos planteados. Estos, además, deberán ser coherentes, con la misión, la visión y los valores de la compañía, como así también con el plan de negocios y gestión empresarial.

En definitiva, si tenemos la hoja de ruta bien marcada, y refleja claramente hacia dónde tenemos que ir, el camino a emprender será firme, seguro y exitoso.

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